sábado, 28 de noviembre de 2009

Tiempo

Miramos un reloj y somos capaces de percibir el tiempo, algo que estructura diariamente esa organización personal que tenemos cada uno, pero pocas veces lo miramos para darnos cuenta de cómo avanza, se esfuma, de tal manera que cuando llegamos a percatarnos de ello es cuando nuestro cuerpo comienza a adquirir ciertas deformaciones debido a ese tiempo transcurrido.

Las personas jóvenes difícilmente nos llegamos a dar cuenta de tal hecho, pero son las personas mayores los que perciben sensaciones y emociones muy aliadas con el pasado.

La vejez normalmente es recibida como una desgracia, considerada como el momento más pobre de nuestras vidas, siendo un período en el que más se reflexiona sobre uno mismo.


Está claro que toda vida es única, unas en las que los logros y felicidad predominan en todo momento, y por el contrario la pena y desgracia presente constantemente; pero, ¿en qué nos basamos a la hora de valorar nuestra vida?


Realmente el aspecto físico de una persona nos refleja muchísima información, centrándose sobre todo en la cara y manos.

En la cara la mirada es primordial, un elemento que de forma intensa puede cautivar a cualquier persona además de transmitir muchísimo.

Sin embargo, tanto el paso del tiempo como el esfuerzo y trabajo de toda una vida son perfectamente reflejados en las manos, parte humana que ya de por sí nos transmite cosas muy directamente, incluso muestran una belleza sorprendente a pesar de las de formaciones aparentemente desagradables.




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